“(…) la uniformidad en la duración de todos los programas, películas y documentales posee una ventaja añadida para las cadenas cuando éstas necesitan rellenar una “franja” inesperadamente vacía: no hay problema a la hora de hallar un sustituto, ya que todos los filmes tienen exactamente la misma duración, al margen del tema o el argumento que traten. La gente de la televisión no tiene más que echar mano de a sus archivos cinematográficos y sacar el primer programa que encuentren; el único criterio es que su duración se adapte a la “franja”. El contenido es virtualmente irrelevante, en el sentido de que todo lo que se emite por televisión no se limita a compartir un formato, sino que es neutro desde una perspectiva ideológica (en realidad, eso no es cierto: todo esta ideológicamente conformado para adecuarse al modelo de la globalización).”
Peter Watkins, “Media crisis”, trad. cast. Juan José Pulido, en Ángel Quintana (ed.): Peter Watkins. Historia de una resistencia: Festival Internacional de Cine de Gijón, 2004, pp.116