A propósito de Culloden, que se pudo ver en la segunda sesión del ciclo, por Dolores Acebal.
La utilización reiterada de primerísimos planos de actores mirando y hablando a cámara se ha convertido en uno de los rasgos característicos del cine de Peter Watkins. En Culloden (1964), la radicalidad de dicha propuesta deriva tanto de la profusión con la que se utiliza, como del contexto histórico al que se aplica. Casi un ochenta por ciento del metraje de este docudrama de reconstrucción histórica está compuesto por encuadres que escrutan al milímetro el rostro de sus protagonistas. Con ello se consigue otorgar a la escenificación de un conflicto bélico del siglo XVIII, un tono de cercanía e inmediatez propio de una retransmisión periodística, a la vez que se resalta la vertiente más humana y personal del drama. Toda una declaración de principios ético-estéticos, sin duda. Sobre todo si tenemos en cuenta los paralelismos que se establecieron entre estas imágenes y las que por esas fechas circulaban en los noticiarios de la guerra de Vietnam. seguir leyendo