Peter Watkins critica en sus escritos la orientación “monofórmica” de los estudios sobre medios audiovisuales y sostiene que los centros educativos deberían enseñar también métodos alternativos. Precisamente The Freethinker es el resultado práctico de un curso sobre producción que el propio Watkins impartió en Estocolmo. Quizás por ello nos encontramos con una de sus obras más experimentales, un trabajo de investigación en la búsqueda de nuevas formas de expresión audiovisual.
En este sentido, uno de los elementos que llaman la atención es la dislocación del tiempo en varias líneas entrelazadas, con el fin de que se entiendan los significantes que sustentan el discurso de la película, en detrimento de una narración positivista tradicional. Esta es sin duda una forma de luchar contra la monoforma y un recurso utilizado con resultados parecidos en otras películas suyas, en particular en su otro proyecto biográfico, Edvard Munch. Además, en The Freethinker Watkins vuelve a forzar la duración y realiza una película extensa (cuatro horas y media aproximadamente), que da tiempo a los espectadores para asimilar las ideas expresadas. seguir leyendo